La pandemia de COVID-19 ha obligado a todo el mundo a protegernos del contagio mediante mascarillas de distintos tipos.

La piel alrededor de la nariz, la boca y el mentón, los lugares cubiertos por una mascarilla, es delicada y el uso continuado de mascarillas está provocando en algunas personas problemas y erupciones en la piel.

Las personas con problemas previos de piel pueden tener más probabilidades de empeorar la situación con el uso prolongado de la mascarilla.

¿POR QUÉ LA MASCARILLA PRODUCE IRRITACIÓN Y ACNÉ?

La cara es muy importante para la regulación de la temperatura corporal; es de dos a cinco veces más activa transpirando que la  piel de otra parte del cuerpo por lo que la evaporación de sudor es muy grande.  El uso de la mascarilla durante horas impide que la piel se refresque mediante la transpiración. Además el aire respirado va cargado de humedad que queda también retenida en la zona.

Se ha comprobado que la temperatura de la piel, en la zona de la mascarilla, es de unos tres grados más elevada que el resto de la cara, esto tiene consecuencias en todas las pieles.

Este aumento de temperatura y humedad hace que los capilares sanguíneos que hay debajo de la piel se dilaten en su esfuerzo por eliminar el calor y  refrescar la zona. Las personas con rosácea verán un empeoramiento y su piel estará roja e irritada.

La humedad hace que la piel segregue más sebo para protegerse. Las personas con la piel grasa o con tendencia al acné pueden ver como su piel se vuelve más grasa y algunos poros se infectan y enquistan, especialmente en la zona donde la mascarilla frota más la piel. Es un acné producido por el roce de la mascarilla que tapa los poros y facilita la infección de los mismos por las bacterias que se acumulan debajo del poro obstruido.

Además, la incomodidad de la mascarilla hace que la estemos moviendo continuamente, lo que facilita que llevemos microbios de las manos a la mascarilla y a la cara, lo que facilita la infección.

La presión de la mascarilla hace que la piel no drene bien sus toxinas a través del sistema linfático y venoso. Esto produce retención de líquido en la zona y congestión, que empeora la inflamación y el picor.

El roce continuo es la causa de que las personas con la piel fina o sensible sufran una dermatitis irritativa que puede producir una piel seca y escamosa.

Todo esto empeora en verano o en un ambiente cálido. Se transpira más y se acumula más humedad. En invierno o con una temperatura más baja, la humedad se condensa en la superficie de la máscara y queda retenida, por lo que en unas horas la mascarilla puede humedecerse y ser un medio ideal para  la proliferación de bacterias.

La piel pierde muchas sustancias que la protegen y la mantienen hidratada, por lo que su efecto de barrera química contra los microorganismos y el ambiente queda disminuido y debilitado. El resultado es una piel irritada, inflamada y con poros infectados.

Todo esto es lo que tenemos que pasar para evitar un mal mayor que es infectarse del coronavirus.

¿QUÉ NECESITA LA PIEL CON MASKNÉ?

Fundamentalmente necesita higiene, protección, y reforzar su barrera defensiva restaurando la grasa y los factores naturales de hidratación.

Además habrá que ayudarla a recuperarse de la inflamación y los daños producidos por la infección.

FORMULANDO UNA CREMA PARA EL MASKNÉ Y LA DERMATITIS IRRITATIVA

El objetivo de la crema es proteger la piel y prepararla para las condiciones que provoca la mascarilla. Es aconsejable consultar con la dermatóloga si se tiene algún síntoma preocupante.

Haremos la crema añadiendo las sustancias que se encuentran en la piel de forma natural y que se eliminan por el roce de la mascarilla. Para restaurar la grasa de la piel añadiremos aceites, mantecas y otras sustancias disueltas como vitaminas y ceramidas que ayudan a mantener la cohesión y firmeza de la piel.

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Aceite de sésamo

Los aceites vegetales y las mantecas son buenos protectores porque permanecen un tiempo sobre la piel formando una capa que impide la perdida de agua por transpiración. También repone los ácidos grasos que son eliminados por el sudor y el roce de la mascarilla.

Los mejores aceites para todo tipo de piel, incluida la piel grasa, son los que contienen más del 50% de ácidos grasos omega 3 y 6 (linolénico y linoleico). No son comedogénicos, se absorben rápidamente, no tienen sensación grasa y son antiinfecciosos y antiinflamatorios. El aceite de sésamo, uva, macadamia, frambuesa, amapola y cáñamo tienen estas propiedades. Para proteger la piel, las mantecas que tienen sensación seca como cupuaçú y babassú formarán una capa que mantendrá la piel suave e hidratada. También la manteca de karité, aunque se siente un poco grasa.

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Manteca de babassú

El escualeno es un aceite que se saca de la oliva y que tiene una gran similitud con los lípidos naturales de la piel por lo que la suaviza y mejora su elasticidad, reduciendo los signos de envejecimiento. Se absorbe rápidamente y tiene un tacto sedoso seco.

Podemos disolver en los aceites algunos activos, como el alfa bisabolol de la manzanilla por sus propiedades regenerantes, anti-inflamatorias y calmantes; por esto ayudará a la protección de la piel contra el estrés de la mascarilla.

Los aceites esenciales tienen propiedades antimicrobianas y regeneradoras. En este caso sólo podemos añadir pequeñas cantidades porque pueden irritar la piel sensible. Elegiremos los mas suaves para la piel como lavanda, geranio, palo de rosa o helichrysum.

Para mantenerse hidratada, la piel contiene sustancias capaces de retener el agua en la superficie. Son los humectantes, que pueden rodearse de cientos o miles de veces su peso de agua. El ácido hialurónico, la glicerina, el lactato sódico, el ácido láctico y la urea se encuentran en la piel para hidratarla y protegerla de los microorganismos.

Sustituiremos el agua de la crema por hidrolato destilado de plantas que cierran los poros y contraen los vasos sanguíneos. Esto reduce la irritación y la hinchazón de la zona. Las plantas que mejor hacen esta acción son las astringentes como hammamelis, rosa, geranio, centella asiática, aciano y meliloto. También el aloe, que además hidrata y protege.

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Centella asiática

También es un buen astringente la alantoína, que se encuentra en la consuelda, que calma el picor, es  cicatrizante, hidratante, antiinflamatoria y ayuda a eliminar las células muertas de la piel. Una vitamina fundamental para la piel irritada y descamada es la niacinamida o B3. La vitamina B3 se está utilizando en la prevención y el tratamiento de varias enfermedades cutáneas como la dermatitis atópica, el acné y las hiperpigmentaciones. Tres síntomas que pueden estar juntos en una piel irritada por la mascarilla. Estimula la regeneración celular y reafirma los tejidos porque aumenta la producción de ácidos grasos cutáneos, colágeno y ceramida, una sustancia que se encuentra en la piel y mantiene unidas las células de la epidermis. Esto la hace más resistente a los irritantes externos.

La vitamina B3 al 2% también reduce un 20% la secreción de sebo y disminuye el tamaño de los poros. Por lo que irá bien en el tratamiento del exceso de sebo producido por la mascarilla.

También podemos añadir vitamina E acetato que disminuye la irritación, la hinchazón y engrosamiento de la piel.

Otro activo que ayuda a la piel alterada por la mascarilla es el zinc PCA por sus propiedades antibacterianas y seborreguladoras.

Para hacer la emulsión en forma de crema utilizaremos un emulgente conocido como el olivem 1000 (cetearyl olivate y sorbitan olivate). Se obtiene a partir del aceite de oliva y hace una emulsión muy parecida a la de la piel, por lo que facilita la absorción de los activos. Además hidrata y protege la piel. Es un emulgente que cumple los requisitos para cosmética natural.

Todos estos ingredientes los agruparemos en la fase oleosa, acuosa y termolábil de la fórmula, que queda así:

Crema para la dermatitis por mascarilla con aceite de uva y ácido hialurónico

Elaboración:

Mezclar los ingredientes de cada vaso.

Llevar los vasos A y B al baño maría a 70ºC . Calentar C a 90ºC para que se funda la ceramida. Cuando esté líquida, añadirlo a A. Agita para que se mezcle todo.

Esperar que baje la temperatura a 50ºC y añade E a C agitando.

Añadir la fase acuosa a la oleosa agitando.

Después añades F y G. Sigue agitando.

Medir el pH y ajustarlo a 5.

Finalmente añade el conservante, agita y envasa en un tarro o una botella con bomba dosificadora.

Cristóbal Vidal
Director del Instituto Europeo de Dermocosmética


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